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DESCANSO

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#4

La ley y el Evangelio se complementan:

 

La Biblia muestra que la salvación es por gracia y es una dádiva de Dios que en realidad no merecemos.

«Porque por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios» Efesios 2:8.

 

El evangelio es la buena noticia de que somos salvos por medio de la fe en Jesucristo ¿pero son válidos los 10 mandamientos en el Nuevo Testamento y en nuestros tiempos? ¿Cuál es la relación entre la Ley de Dios y el Evangelio?

 

La ley nos muestra el pecado:

«... porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado» Romanos 3:20.

 

«Empero yo no conocí el pecado sino por la ley: porque tampoco conociera la concupiscencia, si la ley no dijera: No codiciarás» Romanos 7:8.

 

«... Pues el pecado es infracción de la ley» 1 Juan 3:4.

 

Si no hubiera ley no habría pecado, pues el pecado es infracción a la ley. No compramos la salvación por medio de la obediencia.

La obediencia es para demostrar nuestro amor y lealtad a Dios; si no obedecemos la ley, esta nos condena pues seremos juzgados por ella (Santiago 2:12). La ley no salva, pero condena. El apóstol Pablo pregunta:

«¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley» Romanos 3:31.

Pero necesitamos fe para vivir de acuerdo a la voluntad de Dios,

«Empero sin fe es imposible agradar a Dios…» Hebreos 11:6.

Necesitamos comprender que tanto la fe como la obediencia son dones de Dios, resultados de su gracia. Dios obra en nuestros corazones para que podamos creer y así obedecer (Juan 6:29).

El Evangelio es la buena noticia que por medio de Jesucristo, somos perdonados y reconciliados con Dios, para obtener la vida eterna. Somos salvos mediante la fe en su gracia, o sea es el regalo que Dios nos da, el perdón.

«... pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo» Juan 1:17.

En el Nuevo Testamento se nos habla de un nuevo pacto, que incluye la obediencia a la ley de Dios, ya no como mero formalismo sino una obediencia por amor.

«Este es el pacto que haré con ellos, después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré, añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones» Hebreos 10:16-17.

 

¡Ese es el evangelio, la buena noticia!

 

¿Pero será que la fe nos permite seguir pecando? En ninguna manera. Por medio de la fe, Dios cambia nuestra vida y nos capacita para obedecer (Hebreos 5:9).

 

Para enfatizarlo, el apóstol Juan utiliza términos muy fuertes:

"El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo" 1 Juan 2:4-6.

 

 Jesús recalcó la inmutabilidad de la Ley de Dios diciendo:

«Pero más fácil es que pasen el cielo y la tierra, que se frustre una tilde de la ley» Lucas 16:17.

 

«No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos» Mateo 7:21.

Jesús dijo: «Si me amáis, guardad mis mandamientos» Juan 14:15.

¿Por qué los 10 mandamientos fueron escritos en 2 tablas?

Los primeros 4 mandamientos muestran como amar a Dios. No tener otro Dios, no hacer imágenes o falsas representaciones de Él, no tomar su nombre en vano y guardar el día séptimo día que conmemora la creación. Tienen relación con nuestro amor a Dios.

 

«Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón» Lucas 10:27.

 

Los últimos 6 mandamientos muestran cómo amar al prójimo:

«Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Romanos 13:9).

 

De esta manera podemos recibir los dos gozos, gozarnos en la salvación y deleitarnos en su ley. Es así como obtendremos la paz y tranquilidad para nuestra alma y podremos compartirla con los demás.

«Vuélveme el gozo de tu salvación, y espíritu noble me sustente» Salmos 51:12.

«Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios» Romanos 7:22.

«He deseado tu salvación, oh Jehová, Y tu ley es mi delicia» Salmos 119:174.

 

El libro del Apocalipsis lo resume así:

 «Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús» Apocalipsis 14:12.

 

Para ilustrarlo definamos seis elementos y veamos lo que sucede:

El pecado, la ley, la gracia, Jesucristo, el predicador y la iglesia.

Establezcamos la base: el pecado es infracción a la ley, por lo cual necesitamos la gracia de Jesucristo y este ese es el mensaje del predicador en la iglesia.

 

Eliminemos la ley por un momento y veamos lo que sucede: al no haber ley ya no existe el pecado, pues la Biblia dice que el pecado es infracción de la Ley, (1 Juan 3:4) si no hay pecado ya no necesitamos de la gracia, por lo tanto tampoco necesitaríamos a Jesucristo como salvador y como resultado no necesitaríamos un predicador, ni una iglesia, solo por eliminar la ley se acabaría la religión. Vemos entonces que es imposible prescindir de la ley.

La comparamos con el espejo: no podemos limpiarnos con él, pero lo necesitamos para ver dónde estamos manchados e ir al agua, o sea, la sangre que Jesucristo derramó por nosotros para limpiarnos del pecado, que es la gracia de Jesús.

 

Pero ¿cómo se entienden los textos que hablan en contra de la ley? «Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas.» Gálatas 3:10. ¿Se contradice acaso la Biblia? Encontramos versículos que hablan a favor de la ley y otros que hablan en contra.

La realidad es que hay dos clases de leyes. La Biblia no se contradice.

Veámoslo a continuación.


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#4

La ley y el Evangelio se complementan:

 

La Biblia muestra que la salvación es por gracia y es una dádiva de Dios que en realidad no merecemos.

«Porque por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios» Efesios 2:8.

 

El evangelio es la buena noticia de que somos salvos por medio de la fe en Jesucristo ¿pero son válidos los 10 mandamientos en el Nuevo Testamento y en nuestros tiempos? ¿Cuál es la relación entre la Ley de Dios y el Evangelio?

 

La ley nos muestra el pecado:

«... porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado» Romanos 3:20.

 

«Empero yo no conocí el pecado sino por la ley: porque tampoco conociera la concupiscencia, si la ley no dijera: No codiciarás» Romanos 7:8.

 

«... Pues el pecado es infracción de la ley» 1 Juan 3:4.

 

Si no hubiera ley no habría pecado, pues el pecado es infracción a la ley. No compramos la salvación por medio de la obediencia.

La obediencia es para demostrar nuestro amor y lealtad a Dios; si no obedecemos la ley, esta nos condena pues seremos juzgados por ella (Santiago 2:12). La ley no salva, pero condena. El apóstol Pablo pregunta:

«¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley» Romanos 3:31.

Pero necesitamos fe para vivir de acuerdo a la voluntad de Dios,

«Empero sin fe es imposible agradar a Dios…» Hebreos 11:6.

Necesitamos comprender que tanto la fe como la obediencia son dones de Dios, resultados de su gracia. Dios obra en nuestros corazones para que podamos creer y así obedecer (Juan 6:29).

El Evangelio es la buena noticia que por medio de Jesucristo, somos perdonados y reconciliados con Dios, para obtener la vida eterna. Somos salvos mediante la fe en su gracia, o sea es el regalo que Dios nos da, el perdón.

«... pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo» Juan 1:17.

En el Nuevo Testamento se nos habla de un nuevo pacto, que incluye la obediencia a la ley de Dios, ya no como mero formalismo sino una obediencia por amor.

«Este es el pacto que haré con ellos, después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré, añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones» Hebreos 10:16-17.

 

¡Ese es el evangelio, la buena noticia!

 

¿Pero será que la fe nos permite seguir pecando? En ninguna manera. Por medio de la fe, Dios cambia nuestra vida y nos capacita para obedecer (Hebreos 5:9).

 

Para enfatizarlo, el apóstol Juan utiliza términos muy fuertes:

"El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo" 1 Juan 2:4-6.

 

 Jesús recalcó la inmutabilidad de la Ley de Dios diciendo:

«Pero más fácil es que pasen el cielo y la tierra, que se frustre una tilde de la ley» Lucas 16:17.

 

«No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos» Mateo 7:21.

Jesús dijo: «Si me amáis, guardad mis mandamientos» Juan 14:15.

¿Por qué los 10 mandamientos fueron escritos en 2 tablas?

Los primeros 4 mandamientos muestran como amar a Dios. No tener otro Dios, no hacer imágenes o falsas representaciones de Él, no tomar su nombre en vano y guardar el día séptimo día que conmemora la creación. Tienen relación con nuestro amor a Dios.

 

«Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón» Lucas 10:27.

 

Los últimos 6 mandamientos muestran cómo amar al prójimo:

«Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Romanos 13:9).

 

De esta manera podemos recibir los dos gozos, gozarnos en la salvación y deleitarnos en su ley. Es así como obtendremos la paz y tranquilidad para nuestra alma y podremos compartirla con los demás.

«Vuélveme el gozo de tu salvación, y espíritu noble me sustente» Salmos 51:12.

«Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios» Romanos 7:22.

«He deseado tu salvación, oh Jehová, Y tu ley es mi delicia» Salmos 119:174.

 

El libro del Apocalipsis lo resume así:

 «Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús» Apocalipsis 14:12.

 

Para ilustrarlo definamos seis elementos y veamos lo que sucede:

El pecado, la ley, la gracia, Jesucristo, el predicador y la iglesia.

Establezcamos la base: el pecado es infracción a la ley, por lo cual necesitamos la gracia de Jesucristo y este ese es el mensaje del predicador en la iglesia.

 

Eliminemos la ley por un momento y veamos lo que sucede: al no haber ley ya no existe el pecado, pues la Biblia dice que el pecado es infracción de la Ley, (1 Juan 3:4) si no hay pecado ya no necesitamos de la gracia, por lo tanto tampoco necesitaríamos a Jesucristo como salvador y como resultado no necesitaríamos un predicador, ni una iglesia, solo por eliminar la ley se acabaría la religión. Vemos entonces que es imposible prescindir de la ley.

La comparamos con el espejo: no podemos limpiarnos con él, pero lo necesitamos para ver dónde estamos manchados e ir al agua, o sea, la sangre que Jesucristo derramó por nosotros para limpiarnos del pecado, que es la gracia de Jesús.

 

Pero ¿cómo se entienden los textos que hablan en contra de la ley? «Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas.» Gálatas 3:10. ¿Se contradice acaso la Biblia? Encontramos versículos que hablan a favor de la ley y otros que hablan en contra.

La realidad es que hay dos clases de leyes. La Biblia no se contradice.

Veámoslo a continuación.


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La comparamos con el espejo: no podemos limpiarnos con él, pero lo necesitamos para ver dónde estamos manchados e ir al agua, o sea, la sangre que Jesucristo derramó por nosotros para limpiarnos del pecado, que es la gracia de Jesús.